Este post es un breve esbozo de una idea que se puede desarrollar prácticamente sin final, clave en la psicología deportiva, y que se debería encontrar por debajo de todo lo que hacemos como entrenadores, igual que los cimientos de un edificio.

La comunicación es la idea más valiosa que esta profesión me ha enseñado, y si tuviese que ordenarla respecto a otras, la colocaría por delante de la planificación, el material, la técnica o el ejercicio mismo. Infravalorada y muchas veces pasada por alto es precisamente lo único que no puede fallar. Condición sin la cual el resto de las ramas del árbol del entrenamiento nunca crecerán fuertes, ni darán fruto.

El error número uno de la comunicación, y que se ve acentuado en contexto de grupo, es utilizar una sola forma de transmisión del conocimiento, esto es: hablar como si solo tuviésemos una persona delante. Haciendo esto, nuestro éxito depende de la suerte y de lo organizados que sean nuestros alumnos a la hora de corregirse entre ellos, lo cual nos hace culpables de lo que salga mal y nos impide asumir la gloria de los logros grupales.

Aunque el propio contexto de grupo impide el referirnos uno a uno a nuestros atletas (y ahí radica la ventaja número uno de las clases reducidas o individuales), utilizar más de una forma de transmisión de la información multiplicará exponencialmente la posibilidad de que todo salga bien y nuestro trabajo no caiga en saco roto.

Esta «individualización» del mensaje necesita de algo muy sencillo pero que requiere de mucha paciencia y, sobre todo, de mucha constancia en el tiempo. Una pieza clave de la psicología deportiva y fundamental en las relaciones: la comunicación, y como veremos más adelante, su forma.

Entrenamientos personales

Conoce a tus atletas

Igual que utilizas el inglés cuando te refieres a angloparlantes, y nunca se te ocurriría llamar de usted a un bebe de 10 meses, conocer a nuestro interlocutor va a moldear nuestra comunicación de forma que esta se adapte a la experiencia previa, la personalidad, las expectativas y la forma de relacionarse con el mundo de nuestro cliente.

Pero, ¿hasta qué punto tengo que conocer a la gente?

Hasta el punto en el que sientan que lo que tienes que decir es relevante y, además, seas capaz de llevar tu mensaje del punto A al punto B de la forma más eficaz (no olvidemos que las clases son de 60 minutos).

Las personas necesitan ser escuchadas. Sentir que alguien se interesa de forma genuina por nuestro discurso es de las cosas más gratificantes que se pueden sentir, y es triste que a veces los entrenadores tengamos mucho de esto en la dirección entrenador-cliente, pero no al revés. Pecando a menudo de situarnos en la posición de emisor en las relaciones con nuestro cliente.

Dedicar recursos a aprender un poco cada día de la otra persona es una inversión que a largo plazo influirá en la expresión de la confianza y el rendimiento en los entrenamientos, pues la motivación será mayor al aprender de alguien que sabes que te escucha.

Este efecto, además se multiplica conforme va pasando el tiempo y se construye la confianza, igual que cuando necesitas un buen consejo acudes a un buen amigo, si logras vincularte a tus atletas estos acudirán de forma honesta para escuchar lo que tengas que decir.

Conocer al cliente o atleta no es solamente saber su nombre y su lugar de trabajo, es más bien un proceso vivo que se adapta conforme el tiempo pasa. Conocer a otra persona tiene mucho de intención y de lo que el otro percibe que tú intentas lograr cuando ellos te cuentan algo. Es fundamental que la otra persona sea consciente de tu atención.

Es un proceso constante y no una bolsa que se va llenando de información, una forma de relacionarse sincera dónde tu escucha es activa y no existen distracciones internas o externas en la relación persona a persona.

Entonces, ¿mis alumnos son mis amigos?

Aunque de nuevo, este es un tema para escribir un post sobre psicología deportiva (lo haré más adelante), como norma general existe un equilibrio perfecto para cada relación, donde los roles de alumno y entrenador permanecen intactos, mientras que la confianza de una amistad mejora la forma de relacionarse de las dos personas.

Una vez tengas un grupo que confíe en ti y que esté dispuesto a escucharte de forma activa, el siguiente paso es utilizar una forma que se adapte a las expectativas y a la forma de entender que tienen nuestros alumnos.

entrenamiento personal

Algunos tipos de atletas (Ampliable y según mi experiencia)

  1. Hay personas muy analíticas que prácticamente necesitan saber los vectores de fuerza de cada movimiento y, además, saber la finalidad dee cada paso que dan dentro del gimnasio.
  2. También podemos hablar del «soldado», que solo quieren que alguien les grite lo que tienen que hacer al estilo de «la chaqueta metálica».
  3. Los hay también que no entienden de vectores y aprenden mejor copiando lo que tú hagas. Normalmente personas con facilidad para los deportes.
  4.  Otros necesitan que utilices pistas táctiles para que aprendan a utilizar su cuerpo.
  5. Y lo contrario, un grupo que no soporta que lo toquen y funcionan bien con explicaciones verbales.

Habrá quién te ponga en duda cada cosa que digas y habrá quien, por vergüenza, no te diga que tiene una lesión y hay ciertos ejercicios que no debería hacer.

Obviamente, en estas categorías no englobamos a todas las personas que te puedes encontrar en la psicología deportiva, pero es un buen punto de inicio que te puede ayudar a organizar tus ideas.

Por esto, es importante que miremos atentamente a cada alumno y sepamos no tanto el qué decir, sino cómo hacerlo.

La finalidad de este post no es excavar profundamente en cada personalidad y ofrecer una solución total para todas las situaciones (la cual no existe). Más bien, busca devolver la importancia que tiene relacionarse de forma sincera con la gente con la que entrenas y a la que enseñas y la necesidad imperiosa que tienen las situaciones de aprendizaje de una relación bien estructurada y bidireccional.

En resumen, la mejor herramienta que tenemos los entrenadores es la capacidad de atender a la gente con la que trabajamos, observar bien lo que tenemos delante antes de intentar cambiar nada y ser suficientemente humildes como para reconstruirnos constantemente sobre lo que ya sabemos para adaptarnos a la gente nueva que vaya llegando. Esto es la psicología deportiva.

Prueba distinta formas de hacer las cosas, aprende sobre la marcha y no dejes de atender al feedback que tus alumnos te van a dar, muchas veces sin darse ellos cuenta.

No existe la forma perfecta de entrenar, pero sí la actitud perfecta de trabajo.

 

«Tu verdad aumentará en la medida que sepas escuchar la verdad de otros»

Martin Luther King

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